domingo, 7 de febrero de 2010

LAS POTENCIALIDADES DE LA SEXUALIDAD HUMANA

La sexualidad es una parte integral del ser humano, que se encuentra presente y manifiesta –de uno u otro modo– desde el nacimiento y no desaparece hasta el momento de la muerte. La sexualidad es el resultado de la integración cognitivo-afectiva de básicamente cuatro potencialidades: la capacidad de diferenciarnos por sexos (género), la potencialidad para desarrollar vinculaciones afectivas con otros seres humanos (vínculos afectivos), la potencialidad reproductiva (reproductividad) y la potencialidad de experimentar placer sexual (erotismo).

El género

El género es el conjunto de los aspectos sociales de la sexualidad, un conjunto de comportamientos y valores (incluso estéticos) asociados de manera arbitraria, en función del sexo. Según la Enciclopedia Británica, la identidad de género es "una autoconcepción de un individuo como masculino o femenino, indistintamente del sexo biológico real".[1] En el seno de las ciencias sociales, el término hace referencia a las diferencias específicamente sociales, algunas de las cuales son los roles de género, pero también otros hechos sociales como los valores, moral e incluso formas estéticas. Históricamente, el feminismo postuló la existencia del género y estudios antropológicos y sociológicos posteriores han mostrado que los roles de género son construidos socialmente, sin poderse encontrar una base biológica clara para muchos de esos roles. Así, se entiende que el género es una construcción social a través del cual se asignan diferentes roles a hombres y mujeres, resultando a veces afectadas las mujeres porque deben desempeñar roles de cuidadora o de trabajos no remunerados (amas de casa).

Con respecto a la gente que se siente identificada con un sexo que no es el suyo biológico, se dice que su identidad de género no corresponde con su cuerpo físico. Es el caso de las personas transexuales, transgénero o queer.

En casi todas las sociedades se le da diferente valoración a los hombres y a las mujeres, siendo por lo general éstas devaluadas y aquéllos sobrevaluados. Esto hace que las relaciones entre hombres y mujeres no sean equitativas, que involucren el poder y se expresen múltiples desigualdades en todos los ámbitos de la vida.

La vinculación afectiva

Ninguna consideración sobre lo sexual puede estar completa sin incluir el plano de las vinculaciones afectivas entre los seres humanos. El desarrollo de vínculos afectivos es resultado de la particular manera en que la especie humana evolucionó: a mayor tiempo de desarrollo, mayor necesidad de cuidado. Una vez rotos los vínculos físicos prenatales, la presencia de afectos intensos relacionados con los otros constituye la forma de garantizar el cuidado y el desarrollo. La especie humana tiene un tiempo de desarrollo del individuo adulto extremadamente prolongado; el cuidado parental y la permanencia de apoyo entre padres se traduce en estabilidad y aumento de las posibilidades de la especie de permanecer en el mundo.

Por vinculación afectiva entendemos la capacidad humana de relacionarse gracias a que los efectos provocados por los otros son lo suficientemente intensos para tratar de mantenerlos o evitarlos, así como las construcciones mentales, individuales y sociales que de ellos se deriva. La forma más reconocida de vinculación afectiva es el amor, en todas sus manifestaciones; por ejemplo, el amor filial, manifiesto con los padres y la familia; el amor fraternal, que se expresa en las relaciones interpersonales de amistad y compañerismo; o el amor erótico, que se revela en las relaciones de pareja.

El erotismo

El erotismo es un elemento de la sexualidad que nos remite al placer de las experiencias corporales (individualmente vividas o, más frecuentemente, en interacción con otro), en las que se presentan los procesos de activación de respuesta genital y corporal. Por erotismo entendemos los procesos humanos en torno al apetito por la relación sexual, la excitación misma y el orgasmo, sus resultantes en la calidad placentera de esas vivencias humanas, así como las construcciones mentales alrededor de estas experiencias.

En la adolescencia suelen surgir las primeras manifestaciones del amor erótico. En un primer periodo el amor se coloca en figuras distantes e inalcanzables. Esta relación florece exclusivamente en el ámbito de la fantasía, aspecto de gran importancia en la vida de todo ser humano, pero más aún en la adolescencia. En ella se pueden crear y recrear un sinnúmero de encuentros románticos que pueden ser ensayados una y otra vez por el ensoñador. La figura amada se coloca en situaciones diversas, de cortejo y culminación sexual sin mayores consecuencias. En un segundo periodo los adolescentes colocan el amor en una persona cercana y alcanzable, generalmente la elección se hace entre los grupos de amistades. Conforme evoluciona la relación la pareja busca oportunidades para estar a solas; en esta etapa las expresiones de amor pueden ser muy variables, desde besos y caricias hasta llegar a la relación sexual.

La reproductividad

La potencialidad de reproducirnos es consecuencia directa del hecho de ser seres vivos. La sexualidad humana se ha desarrollado con sus múltiples niveles de manifestación y de organización e integración como resultado de la necesidad de la especie humana de reproducirse eficientemente.

Por reproductividad se quiere decir, tanto la posibilidad humana de producir individuos que en gran medida sean similares (que no idénticos) a los que lo produjeron, como las construcciones mentales acerca de esta posibilidad. La importancia de que la reproducción no genere réplicas exactas es lo que posibilita la variabilidad de los individuos de una especie, en este caso la humana.

La potencialidad reproductiva está asociada a la fertilidad, que es la capacidad de tener hijas o hijos. La fertilidad es posible en un periodo que va de los 10 a los 50 años de edad, aproximadamente. Este periodo puede ser regulado de diversas maneras para decidir cuándo, con quién y cuántos hijos tener.

La fecundidad adolescente constituye un problema que va en aumento; la mayor parte de los embarazos precoces no son planeados. Los riesgos y consecuencias del embarazo precoz afectan tanto a la madre como al hijo, al igual que a la sociedad. Los varones, aunque en menor grado, también se ven afectados. En pocas palabras, el embarazo adolescente compromete el potencial de un pleno desarrollo humano.

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